Comida evolutiva

Si hay algo que me gusta ver en mi cocina son frascos con cosas. Frascos con cosas de colores. Frascos que encierran sabores. 

Sabores que van mejorando, texturas que se van suavizando, condimentos que se van intensificando.

Estos frascos que le van a dar el toque que le falta a ese plato. Ese «nosequetieneestoperoestabuenísimo».

Me gusta mucho tener a mano estas pequeñas sorpresas para el paladar, para no recurrir siempre a los mismos remates.

Desde mis comienzos en la cocina y la venta de comida, solía hacer avinagrados, conservas y escabeches, que había aprendido con un suplemento de cocina que venía con el periódico de los domingos.

Berenjenas, pickles y pepinos agridulces.

Además, el padre de mi hijo, profesional del sector, me había enseñado a hacer escabeche de pollo, y pollo al ajillo, que luego también apliqué a otros animales que me traía mi hermana del campo, como liebres.

También me gustaba tener todo tipo de aceites saborizados con hierbas, ya que el de oliva en Argentina hace más de 20 años ( y ahora también) solía ser malo y caro, aromatizaba el triste aceite de girasol con la aromáticas de mi jardín.

Así que tenía aceite de tomillo, de romero, de orégano, de salvia y otro con ajos y ají putaparió (guindilla) para echarle arriba de la pizza.

Luego aparecieron los fermentados…¡qué mundo más interesante! Me formé y me sigo formando en el tema y puedo decir que estas preparaciones desbancaron a todas las anteriores. Por mil y una razones de todos los niveles,pero sobre todo porque tiene que ver con mi mundo, porque cada una tiene vida propia, porque cada vez es diferente a la otra, y porque va EVOLUCIONANDO, como yo, como todos, como todas las cosas .

× Contactar
Ir al contenido